Saturday, July 4, 2009

Eliade: historia de un amor (2)

Cuando Eliade estuvo a punto de cumplir 18 años, mayoría de edad en el reino de Sheriko, su padre cayó enfermo de una extraña y tremenda enfermedad que a los dos días del cumpleaños de su hija dio su ultimo respiro. La noticia se esparció por todo el país y no fue de sorprenderse que inmediatamente llego una cantidad inmensa de hombres con el único propósito de desposar a la joven heredera, y para fortuna de la joven Eliade, tuvo mucha gente, en especial hombres, que la apoyaron tras el repentino fallecimiento de su padre. Por desgracia, nunca nadie le enseñó lo que podía albergar el corazón del hombre y mucho menos los cuidados que había que tomar a la hora de conocer uno, pues el corazón del hombre podía ser un misterio, pero era por todos sabido que únicamente podían causar desgracias.

Luego del fallecimiento de su padre, Eliade se vio rodeada por una gran cantidad de hombres. Llegó a tal punto que en un día llegaba a salir con hasta 10 de ellos, cosa por la cual la madre se mortificaba enormemente. Cierto día, la madre de nuestra protagonista le manda llamar, y para los 10 minutos del dialogo comienzan a oírse gritos por toda la casa. Se había armado un conflicto por los intereses de Eliade de salir con los varones del reino para distraerse de la desgracia familiar que acababa de acaecer contra los de la madre en su deseo desesperado por proteger a su hija contra las desgracias que próximamente acontecerían. Luego de unos momentos más de discusión, la primera sale de la habitación donde se encontraban y con ademán de enojo sale al jardín para esperar una diligencia que la llevara con Marcos, el mejor amigo que había hecho durante ese periodo, mientras que la segunda, para su desgracia, comienza a sentir un gran mareo, empieza a sentir un sudor frío en toda su cara y, tratando de seguir a quien se había enojado con ella para implorar su ayuda, pierde el equilibrio y cae por las escaleras que daban al jardín exactamente en el momento en que Eliade subía a su carroza. Lo último que paso por su mente fue la imagen de su esposo, de la casa que había habitado por cerca de 40 años, de la cara de los criados que encontrarían su cuerpo al día siguiente y finalmente de cómo dejaría a su única hija abandonada en el mundo tras únicamente tres meses de la muerte de su padre.

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